Para muchos, los congresistas peruanos tienen un serio problema con la sinceridad. Yo sería bastante crítico de dicha afirmación. En las últimas dos semanas, más bien, los habitantes de aquel edificio de los años 1920 al que llamamos Congreso de la Republica han hecho gala del título de un vals: sincera confesión. Aunque claro, ésta ha sido producto de cuestiones involuntarias.
Así, los fujimoristas, tan leales siempre con la democracia y el Estado de Derecho – preguntémosle que siguen pensando del 5 de abril de 1992 -, han señalado que su compromiso es con la gobernabilidad del país y que por ello apoyaron a Javier Velásquez Quesquén. Claro, no han podido negar que nuestro “Ministro” del Interior se ha convertido en el correveidille del gobierno y conversó sus quince minutos con el reo de Barbadillo. A cambio, hay que sincerar las cosas, coincidencias son coincidencias, la DIROES se convierte en centro de convenciones y tenemos como primer espectáculo a Los Iracundos. ¿Qué vendrá luego, José Luis Perales cantando “Un velero llamado libertad” a Fujimori?
Los muchachos de Solidaridad Nacional también han sido sinceros con sus convicciones. Mejor dicho, con los intereses de Luis Castañeda Lossio para que Alan le siga financiando obras. Y luego de idas y vueltas durante dos años, decidieron liquidar ese matrimonio en problemas llamado Unidad Nacional, convertido en un símil de “La Guerra de los Roses”. Y ahora se van con todos los partidos terminados en “Nacional”: Renovación y Restauración. Digamos, pack donde se juntan católicos integristas, evangélicos y solidarios. Casi un club de religiones, pero que tienen un solo Dios: Alan García. Llamarse “oposición responsable” solo me hace recordar a los tiempos en los que el fujimorismo le llamaba así a los que eran tibios con su dictadura.
En Unión Por el Perú, la unión no es lo que prevalece. Una semi – bancada “romana” que vota con el APRA, otra llamada “bloque popular” que es opositora. Digamos, si la sinceridad sigue primando, pues la ruptura se impone. Preguntarle a Javier Pérez de Cuellar sobre un partido del que ya no es parte hace rato sería ocioso, aunque creo que el ex Secretario General de la ONU estaría muy avergonzado con lo ocurrido en la agrupación que él fundó y que ha devenido en un membrete que nadie sabe lo que es, comenzando por sus mismos integrantes.
Así, el Congreso de la República del Perú, en su actual conformación, recuerda a aquellos niños que quieren ser eternamente los dueños de la pelota, para poder tener la exclusividad de jugar con quienes les de la gana. El problema es que, a diferencia de un partido de fútbol en el recreo, lo que se viene disputando es el futuro del país. Y es algo con lo que no debería jugarse. Aunque claro, con la sinceridad de la que hacen gala, solo nos queda decir que velan bien por sus intereses, los únicos que les importan.